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Seguridad

Seguridad

Parece ser que agudas mentes pensantes están replanteándose cancelar la prohibición de entrar líquidos en los aviones.  El caos más chusco ha sido el de unos peregrinos de Lourdes que vieron como su agua milagrosa les fue confiscada.  La verdad es que yo haría lo mismo: a saber qué puede ocurrir dentro de un avión con esas botellitas de agua capaces de hacer que los cojos vean y los ciegos anden (¿o era al revés?).

 

No voy a entrar en la cuestión de si estas medidas de seguridad que por todas partes nos rodean son necesarias y útiles.  Pero lo que me subleva es la irracional y desigual aplicación de ellas.

 

Valgan los siguientes ejemplos:

 

Talgo Madrid-Murcia:  Lo habitual: escáner para el equipaje y tal.

Talgo Murcia-Madrid: Lo mismo, sólo que como el recinto es abierto, si quieres te saltas el control.  Basta tomarse un café en la cantina o ir a los aseos y salir por otro lado.

 

Talgo Murcia-Barcelona o Barcelona-Murcia:  Sin control alguno en las estaciones.

¡¡¡¡¡   !!!!!!!

 

Vuelo Zaragoza-Londres:  Control rutinario de aeropuerto.

Vuelo Londres-Zaragoza: Lo mismo más cachearnos (a  algunos) y descalzarnos (a la mayoría).  No logré ver la pauta por la que algunos eran cacheados y otros descalzados.

 

Museo de Historia Natural, Tate, Museo Británico: Revisión de bolsos a la entrada.

 

Pero…..en el museo Británico se podía entrar por una puerta lateral (yo lo hice) sin la presencia alguna de vigilantes o personal.  De hecho cuando entré las salas estaban vacías y podría haber intentado hacer cualquier estropicio.

  

Pero… en Barcelona, Caixa-Forum la entrada era libre.  Tan sólo un cartel advertía que lleváramos a los niños de la mano.  Lo curioso es que la exposición que vimos procedía en buena parte de fondos de la Tate de Londres.

          

El traslado

El traslado

El temita de marras volvió a surgir a principios de verano.  Nuevamente la callada por respuesta del Ministerio o las mismas razones de siempre, nuevamente el enfado de la otra parte y la mención a los mártires de la guerra civil.

Se trata (seguro que no lo habéis adivinado) del intento del Gobierno Vasco de llevarse el Guernica de Picasso a Bilbao, en lugar de su actual ubicación madrileña.

Las razones en contra del Ministerio es que el pobrecito cuadro no está para muchos trotes y que un traslado más podría deteriorarlo.  Supongo que será verdad, pero lo cierto es que me importa un bledo.

Miremos el argumento vasco: puesto que el Guernica representa el bombardeo de una ciudad vasca el cuadro debe estar en el País Vasco.

 

Supongo que sabéis la historia del cuadro.  Fue un encargo del Gobierno de la República para exponerse en París en 1937.  Es posteriormente a la realización del cuadro (que muy bien puede representar a un toro entrando en un bazar chino  rompiendo todo o el bombardeo de Madrid o el de alguna ciudad de Abisinisa) cuando se le puso el nombre como homenaje a las víctimas de la salvajada de los aliados de Franco.

 

Por tanto, el argumento del Gobierno Vasco queda, como mínimo, ligeramente dañado.

 

Pero, démosle por un momento la razón.  Traslademos al Guernica a Bilbao.

 

Es de suponer que a continuación los holandeses nos pidan el cuadro de La rendición de Breda, ya que tal hecho sucedió en Holanda, por mucho que el cuadro fuera pintado en Madrid.

 

Y lo peor está por llegar: habría que despojar a todas las iglesias de sus crucifijos y mandarlos a Jerusalén, que es donde a ese señor que anduvo en el mar lo ajusticiaron.

 

Los melómanos tendrían que venir a ver obligatoriamente la ópera Carmen a Sevilla., pues vaya absurdez la de representarla en Nueva York o Helsinki.

 

Lo siento por mi colección de DVDs de películas del oeste.  Tendré que verlas en Fort Summer o en Dogde City. 

Y así hasta el infinito.

 

Entonces…¿mandamos el Guernica a Bilbao?

     

Turistas y viajeros

Los turistas no salimos nunca en las revistas fashion  contando nuestras vacaciones.  Los viajeros tampoco: ellos no van de vacaciones, viajan.

 

Los turistas hacemos colas interminables para subir a la noria de Londres o de Viena, luchamos a codazos para ver a la Gioconda tres segundos y compramos bonobús en las ciudades que visitamos. 

Los viajeros lo hacen todo con tranquilidad: deben disponer de mucho tiempo y mucho dinero y les deben vaciar las calles y los museos para ellos solo.  O quizá nunca han visto el David, cogido el metro o visitado El Prado.

 

Los turistas vemos y admiramos con la boca abierta.  Los viajeros conocen.

 

Los turistas hacemos el ridículo con los idiomas hasta para pedir una pizza Margarita.  Los viajeros nunca tienen problemas de idiomas, estén en el Nepal o perdidos en la Amazonía.  (Perdón: los viajeros nunca se pierden, eso sólo lo hacemos los turistas)

 

Los viajeros no hacen fotos: retienen en su memoria las vivencias únicas de sus periplos.  Los turistas fotografiamos hasta los baños de los hoteles.

 

Los turistas visitamos Florencia.  Los viajeros nunca, que está muy masificada (aunque ellos vivan en Madrid).  Prefieren un pueblecito de 34 habitantes de la Toscana que no viene en las guías.

 

A los turistas nos timan en los taxis, los bazares y los restaurantes.  A los viajeros no.  Supongo que irán a pie, no comprarán ni comerán nada.

 

Los turistas metemos la pata continuamente en el extranjero: nos atropellan coches británicos empeñados en in por el carril izquierdo, nos empapan las nubes irlandesas y nos equivocamos de parada de metro en Moscú.  Los viajeros conocen al instante las costumbres locales: se sienten como en casa, se hacen amigos de los lugareños y nada les sorprende.  (Y me pregunto que para sentirse como en casa, para qué salen de ella)

 

Los turistas nos escandalizamos cuando vemos cosas que no nos gustan.  Para los viajeros todo son respetables costumbres locales: el burka, las corridas de toros, el canibalismo…

 

Por último, los turistas damos la tabarra a los amigos con nuestras anécdotas ocasionales.  No dudamos en aconsejarles sobre el chiringuito al que deben ir si visitan Honolulu o la mejor compra en el bazar de Estambul mientras que les enseñamos fotos en las que aparecemos con inverosímiles vestimentas.

Los viajeros no hacen nada de eso: escriben un diario y nunca sonríen en las fotos.

           

Leer.

Leer.

I

 

Tan sólo hay algo más hermoso que una mujer leyendo y es una mujer mirando un cuadro.

II

 

Mira ese niño, como busca en la librería. De vez en cuando alguno es un candidato. Lo saca. Mira la portada, lo guarda. Uno de ellos es por fin elegido y, de repente, otro también es deseado. Ahora duda entre los dos.

Este sabe que es más divertido (quizá forme parte de una colección del que ya ha leído varios). Pero el otro promete cosas nuevas.

Mira a su padre pidiendo ayuda.

Pero el padre no le saca de dudas. Le deja un rato que se consuma en el infierno de la incertidumbre.

Por fin, como tantas veces, sonríe y le dice: llévate los dos.

 

III

 

Hay una pila de libros nuevos en la habitación esperando ser leídos. Pacientes. Tranquilos. Seguros de que ya les llegará su turno.

Voy a coger uno de ellos cuando miro otro estante.

 

Ahí están. Como siempre.

El Caballero de la Triste Figura, Athos, Gandalf, Phileas Fogg, el padre Brown, Humpty-Dumpty, Holmes….

Miro la pila de libros. Que sigan esperando. Vuelvo con mis amigos.

Cadenas

Cadenas

Dicen que Arquímedes tan concentrado estaba en sus cálculos que no vio al soldado que le quitó la vida. Nunca he logrado abstraerme tanto aunque, es cierto que en tiempos de tribulaciones las matemáticas me han aportado algo de sosiego.

Sirva este pequeño problema para que, quizá, aporte algo de distracción a quien lo necesite.

Además, en su resolución sorprendente podremos encontrar ecos de la antigua Grecia.

 

Defino una cadena como una lista de letras. Por ejemplo, x=”MON” es una cadena. Otra cadena puede ser y=”JA”.

La suma de dos cadenas x+y no es más que la yuxtaposición de ambas cadenas. Así x+y=”MONJA” pero y+x=”JAMON”, lo que indica que la suma de cadenas no conmuta.

 

Por supuesto, que hay cadenas que sí conmutan. Si v=”BABA” y w=”BABABA” entonces claramente v+w=w+v.

 

Diré que una cadena es monótona en el símbolo X si es una simple repetición de la letra X. Por ejemplo, la cadena “RRRRR” es monótona en R.

 

Por supuesto, la longitud de una cadena es el número de letras que contiene. Así, por ejemplo, “PESCADO” tiene longitud 7.

 

Y ahora el problema:

 

Sea x una cadena de longitud 17, sea y una cadena de longitud 39. Supongamos que x+y=y+x. Demostrad que tanto x como y son monótonas con el mismo símbolo.

 

 

Censura

Censura

Leo El Mundo Digital en mi centro de trabajo. 

 Un titular, de la sección de Salud, me llama la atención:“Los condones vibradores crean polémica en India”.

Pulso para ampliar la noticia y aparece en pantalla:  Bloqueado por el servicio de control de contenidos al pertenecer a las siguientes categorías no permitidas: Pornografía, Prensa, salud. 

Obviando el hecho de que me he quedado sin saber qué es un condón vibrador y el porqué es polémico en India….¿Quién puede ser la mente enferma que programa estos bloqueadores de contenidos? 

-¿Un condón es material pornográfico?

-¿Los temas de salud son equiparables a la pornografía?

-¿El leer la prensa es algo inmoral?

-¿Soy un pervertido?  (A esto último no hace falta que contestéis)  

Arriba y abajo.

Arriba y abajo.

Mi tema de hoy es un pequeño divertimento matemático.

Antes de leer el artículo, podríais tratar de responder a la siguiente pregunta:

En una casa de cinco plantas más la entrada, el ascensor está parado. ¿Cuál es la probabilidad de que lo esté en la tercera planta?

 

Lo que voy a hacer es construir un modelo muy sencillo, que simule un edificio de p pisos más la entrada y con un ascensor.

Voy a asumir como ciertos varios hechos. Algunos más discutibles que otros.

 

Para empezar, puesto que me interesa estudiar la situación del ascensor cuando está parado, voy a considerar los trayectos del ascensor muy rápidos. Concretamente instantáneos. Es decir, el ascensor siempre está parado o bien en la entrada o bien en uno de los pisos.

Esta suposición no es esencial para el desarrollo de lo que sigue pero simplifica el modelo.

 

Lo siguiente es una simplificación quizá excesiva. Supongo que el uso del ascensor es equivalente para todos los pisos del edificio. Es decir, que todos los inquilinos y visitantes (que se supone igual para todos los pisos) usan el ascensor con la misma frecuencia. Tanto para subir como para bajar.

Insisto que soy consciente de la simplificación excesiva: yo no uso el ascensor, si puedo, viviendo en un tercero pero lo haría viviendo en un quinto.

 

Otra simplificación obvia es que no incluyo garajes. Pero, en realidad, observando un poco, esto afecta poco a la pregunta inicial. Porque podemos considerar, en lugar de la entrada, la entrada+garaje y el modelo seguiría funcionando.

 

Y, por último, voy a suponer que los únicos trayectos son pisos—entrada o entrada-pisos. Es decir, nadie usa el ascensor para ir de la tercera planta a la quinta.

Es una simplificación no muy drástica porque no suele ser lo habitual…salvo que se tenga un tendedero en la azotea.

 

Y ahora la sencillísima resolución del problema:

 

Puesto que en el último trayecto, el ascensor ha subido o ha bajado y, por hipótesis, la probabilidad es la misma, entonces la probabilidad de que esté en la entrada es ½ y la de que esté en un piso es ½. Como en todos los pisos la probabilidad de que esté parado es la misma, entonces será =1/(2p).

Entonces si p=5, la probabilidad de que esté en el tercer piso es 1/10=10%.

La odisea de ir al cine.

La odisea de ir al cine.

Ir al cine en mi ciudad se está convirtiendo en un suplicio. Hasta hace poco teníamos unas diez salas céntricas alcanzables, a lo sumo, en veinte minutos a pie de un agradable paseo. Ahora sólo quedan tres. Las demás, en zonas de ocio o centros comerciales.

Supongo que la culpa es mía por ser exigente y no tener coche. Pero el domingo pasado la única sala céntrica (las otras dos estaban cerradas por vacaciones) programaba una película que detesto. Así que opté por ir a una de esas “zonas de ocio”, es decir: restaurantes casposos, pubs, bolera y multicines.

 

Fuimos en autobús.

En un domingo, el servicio de transporte urbano de mi ciudad oscila entre lo malo y lo detestable. Esta vez hubo suerte: el autobús pasaba cada media hora y no hubo que esperar mucho. Lástima que no nos dejaba cerca y tuvimos que andar con cerca de 40º un buen trecho.

Como la película empezaba muy pronto (es larga) tuvimos que comer en la zona. Restaurante chino. No me quejo: razonablemente bien.

Nos ponemos en cola. Por supuesto la taquillera tarda.

Entrada numerada. Nada que objetar salvo…que la sala estaba casi vacía cuando empezó la película y nos dieron unos pésimos asientos. Nos cambiamos de asiento.

La película bien. Al estar cuatro mataos, no hay esta vez ruido de adolescentes palomiteros. Ni tengo que soportar al novio de la chica cardada que le va a traer un botellín de agua y pasa por delante de mí.

La película es de esas que termina con unos textos que dicen qué es de la vida de los protagonistas. Tuve que leer los textos medio a ciegas: ya habían abierto la puerta para que desalojáramos. Cortesía, que se llama eso, el abrir la puerta antes de terminar la película.

Nos volvemos a casa.

El autobús tarda, tarda y tarda.

Recordamos que más adelante hay otra parada con una línea mejor. Andamos. Afortunadamente ya sólo hay unos 37º de temperatura.

En la nueva parada el autobús tarda, tarda y tarda. Por supuesto, sin sombra.

Al final optamos por regresar a casa andando.

Somos gente sana así que en 45 minutos estamos en casa.

 

¡Y menos mal que me gustó la película!

Las comparaciones son odiosas.

Las comparaciones son odiosas.

Estamos tan acostumbrados a comparar objetos entre sí que no advertimos la base matemática que conlleva y sus posibles paradojas.Supongamos que somos un director de instituto que tenemos que elegir entre varios alumnos para darles una beca.  En principio, primará solamente la brillantez académica.Para complicarnos menos, sólo tendremos en cuenta tres notas: Matemáticas, Lengua e Inglés.

 Caso 1.

Supongamos que Ana tiene un 9 en Matemáticas, un 6 en Lengua y un 7 en Inglés.  Simplificamos poniendo A(9, 6, 7).Si las notas de Blas son B(8, 5, 5), es claro que Ana es merecedora de la beca puesto que supera a Blas en todas las asignaturas.

Caso 2.

Sean las notas de Carmen  C(7, 8, 9) y las de Daniel  D(5, 6, 10).    Ahora la tarea de elegir al mejor alumno es un poco más complicada puesto que Carmen no supera en todas las asignaturas a Daniel.  Podemos optar por hacer la nota media de cada uno de ellos.  La de Carmen es un 8 y la de Daniel es 7 así que con buen criterio optamos por  darle la beca a Carmen. 

Caso 3.

 Sean ahora las notas de Elena  E(6, 6, 9) y las de Felipe (7, 7, 7). Ahora las dos medias son la misma: 7. Podemos considerar que, puesto que Felipe supera a Elena en dos asignaturas que Felipe merece la beca. 

 Caso 4.

Es una variante del caso anterior y el más interesante.  Supongamos que tenemos tres alumnos y solamente una beca.Los alumnos son  E(6, 6, 9), F(7, 7,7) y Gema G(8, 5, 8).  Los tres tienen la misma media.  Ya hemos visto que Felipe mejora a Elena. Gema está feliz con su beca, puesto que ella supera a Felipe que a su vez supera a Elena.  Pero…¡Elena reclama!  En efecto, observemos que Elena mejora a Gema.  

El problema es que estamos  acostumbrados a creer que las comparaciones son transitivas, es decir que si x mejora a y, y mejora a z entonces x mejora a z.

 La relación de orden que hemos creado (manera pedante de decir “la manera que comparamos”) es una relación no transitiva. ¿Cuál de los tres alumnos deberíamos elegir para la beca?  ¿Hay alguna manera razonable de elegirlos?  Por razonable me refiero que sea sin ambigüedad y que dados otros tres alumnos H, I, J no haya duda de cómo hacer la elección del mejor.Yo creo que no hay una de tales elecciones razonables pero me gustaría oír vuestras opiniones.

 Y ahora una pequeña reflexión:

Nos empeñamos en ser coherentes en nuestra vida cuando a veces las condiciones no nos lo permiten.  Podemos estar en casos como la paradoja del caso 4, podemos estar tratando de comparar dos objetos que no son comparables…  Todos conocemos la pregunta capciosa de “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”.O la de la película “La decisión se Sophie”: elige a qué hijo te mato porque en caso contrario te mato a los dos.Nos creemos seres racionales cuando a veces hasta la racionalidad tiene sus límites.  Y ni siquiera obrando con el corazón podemos acertar siempre.  Porque hay problemas que no tienen solución.

...y Cruz.

...y Cruz.

Camino de la estación de tren un hombre me para.  Parece marroquí o argelino.  Me pregunta por una dirección.  Le digo que está lejísimos y asiente.  Irá andando, claro.  Me da las gracias cuando le indico la manera de llegar.

 

Una chica intenta subir al tren su bicicleta.  Es menudita, preciosa.  Argentina quizá.  Le ayudo un poco.  Al bajar, nuevamente necesita ayuda.  Vuelvo a hacer de guía.

 

Leo el periódico.  Cayucos.  Brazos amputados por las heridas de las cuerdas con las que son atados.  Muertos de inanición.

 

Al menos Taffi parece feliz.  Es pequeñito, travieso,  negrísimo y su padre le vigila mientras cuida la tienda que tengo frente a mi casa.  Lo llama continuamente para que no se despiste.

 

La cajera del supermercado quizá sea boliviana.  La miro con alivio; sigue ahí. Todavía no debe haber cumplido los seis meses de su contrato temporal.  Ese que casi nunca renuevan.

Me coloca, a pesar de mis protestas, cuidadosamente los artículos en bolsas y se despide con una sonrisa.  Al llegar a casa me doy cuenta que he olvidado comprar una cosa.  No importa: una excusa para volver a verla mañana.

 

Irina es ucraniana.  Hizo una carrera de ingeniería y limpia las casas de mis compañeros.  No la conozco.

 

A Monica sí.  Es rumana.  Mientras nos sirve café nos pregunta cómo convalidar sus estudios en España.

 

Una buena noticia. Las normas del ministerio de Interior para deportaciones no contempla amordazar a los inmigrantes. 

Lástima que Osamuyia Aikpitanhi no se haya enterado: murió amordazado con cinta adhesiva en el avión que le deportaba.

 En España somos 45.000.000 de personas.  El 10% nacido en el extranjero.

Cara...

Cara...

María está muy contenta. Ya tiene 18 años y, aunque ha repetido dos cursos y no trabaja absolutamente nada, ha conseguido sacarse el carné de conducir. Un gran regalito de sus padres. Lo próximo será comprarle el coche.

 

Algo menos contenta está otra María: me he hartado de verla dos meses parlotear sin trabajar en la primera fila y la he colocado al final de la clase. Una pena para ella, porque así no puede cotorrear con Pilar acerca de sus ligues.

 

Jesús está por los pasillos. No puede entrar en clase porque el otro día amenazó a una profesora. Ahora me pide ejercicios para el tiempo de expulsión y cuando ve que son muchos se queja. No son tantos: tan solo los de las tres últimas semanas que no ha hecho nada.

 

Quien no ha venido es Laura. Quizá esta vez la resaca del fin de semana ha sido peor que otras veces. O simplemente estará fumando fuera del instituto.

 

Tampoco ha venido L. Pero eso es de esperar: hace tiempo que sufre acoso y ya no creo que le apetezca venir al instituto.

 

Una hora antes le he dado clase a Tamara. No trae ni libreta ni bolígrafos. Sus padres pidieron un préstamo para que el verano anterior pudiera ir a un internado y recuperara sus suspensas. Por supuesto no aprobó nada.

 

Cuando llega el recreo una chica me para por los pasillos. Me pide que le abra la puerta de su clase para dejar la mochila. A pesar de que nota mi impaciencia, va al final de la clase y parsimoniosamente coloca la mochila. Al salir no da las gracias.

 

Repaso el examen del próximo día. Calculo que un 25% de los implicados atienden. El resto o no hace nada o hacen trabajos de otras asignaturas que esperan aprobar. No importa demasiado: ellos y yo saben que es un trámite, que la suerte está echada.

 

Termina la mañana. Parece que al final Tamara no se ha pegado con una compañera a la salida. Algo es algo.

Música y letra.

Música y letra.

Parece ser que hay empeño en ponerle letra al himno de España. Letra oficial, vamos, que extraoficiales ha tenido varias: Ventura de la Vega, Marquina, Pemán….

Sin olvidarnos de la verdadera letra de nuestro himno. Esa que todos hemos cantado y comienza así:

“Chunda , chunda, tachunda chunda chunda, chunda chunda chuún…”

 

Para mi este himno significa poco. Lo asocio, al igual que la bandera, con un señor que inauguraba pantanos y fusilaba rojos. Sé que son otros los tiempos pero lo que cala en el subconsciente es difícil de borrar.

Yo fui el que estuve años tarareando por lo bajini, cada vez que pasaba frente al Gobierno Militar ese trocito de la zarzuela “La calesera” que dice: “Militares tampoco me gustan / que me asustan / con el espadón”. Afortunadamente ninguno de los soldados de guardia estaba versado en el género chico.

 

Que quede claro, mi himno (por sentimentalidad) debería ser el de Riego. Tampoco me parece gran cosa y su letra es ramplona a más no poder.

 

Otros son mis himnos y esos no me importa cantarlos:

 

-La marcha de “El puente sobre el río Kwai”, donde los británicos muestran el orgullo de saberse derrotados pero no vencidos.

-La Internacional de “Doctor Zhivago”, cantada por los manifestantes que serán masacrados.

-Dixie en “Lo que el viento se llevó”, dirigida por el viejo músico militar que acaba de saber de la muerte de su hijo en la guerra.

Y, claro está:

-La Marsellesa, cantada por patriotas franceses en el Rick’s Café de Casablanca delante de los alemanes.

 

 

 

 

 

Belle-Île-en-Mer

Belle-Île-en-Mer

Islas.

Nadie piensa en islas frías en mares helados.

Una isla tropical. 

Si te gusta bañarte, una larguísima playa de arena fina y al fondo unas palmeras.

Si te gusta la aventura, una jungla donde esqueletos nos señalan la dirección del tesoro.

Si te gusta la tranquilidad, un bungalow con vistas al mar, una hamaca donde leer y  algunos indígenas sirviéndote deliciosas bebidas.

 

O islas desiertas.  Siempre cálidas.

¿Qué tres cosas llevarse a una isla desierta?

A lo mejor sólo necesitas una.

 

¿Con quién te gustaría naufragar en una isla desierta?  ¿Seguro que no acabaríais enfadados?

 

Islas.  Solitarias y rodeadas en un mar infinito donde pocos barcos pasan.

 

Pero esta no es mi isla.

Hoy no.

Mi isla, lo acabo de leer, es la mayor de las islas bretonas.  Por tanto no es una isla tropical sino atlántica.  Muy cercana a la costa.

No hay pues ni calor, ni mar infinito.  Dudo que tesoros escondidos y, desde luego, para nada desierta.

 

En esa isla hay una tumba que no existe.  Porque allí, literariamente, murió un coloso.

Como quiere el tópico, a un cuerpo grande se le unió una mente no muy brillante pero, eso sí, un enorme corazón.  Engañado por un amigo luchó por él y pereció.

No pudieron matarle los hombres, pero sí la roca traicionera.  En la gruta de Locmaria murió nuestro héroe.

 

No os quiero engañar: no es mi personaje favorito de esa novela.  Nunca me sentí demasiado identificado con él. 

De sus tres amigos, uno siempre fue un hipócrita y, en efecto, ese fue el que propició su muerte.

Otro de ellos, el más joven, a pesar de frívolo y alocado fue mi héroe de mocedad, como el de otros muchos niños de mi edad y como los de muchas generaciones anteriores a la mía.

El tercero, el mayor de todos, es ahora mi personaje favorito.  Ya quisiera yo poder ser tan digno como él y tener la mitad de su nobleza.  No le envidio, sin embargo, su infelicidad ni el destino de los que amó.

 

¿Por qué pues recordar hoy al gigante bobalicón?  Porque fue fiel a sus amigos y nunca dudó de ellos.  Porque, como las rocas de Locmaria, a veces destrozamos las cosas ingenuas y alegres.

 

Brindo por ti, Porthos.  Amigo.