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El axioma del terror. Capítulo II: El hombre del manicomio.

El axioma del terror.  Capítulo II: El hombre del manicomio.

El doctor van Gelden se atusó el peinado, se arregló su bata blanca, carraspeó suavemente para poder modular mejor su voz y salió a recibir a sus alumnos. Los estudiantes de medicina iniciaron la visita al sanatorio siquiátrica con curiosidad. Por supuesto, lo que más les llamó la atención fueron los casos más graves y aparatosos: enfermos arrastrándose y mascullando jerigonza, otros atados a camastros para evitar que se autolesionaran, mujeres histéricas acunando hijos inexistentes.

 

El joven Gerard Reitlinger maldijo su mala suerte: el paciente que el doctor Gelden le había asignado para su estudio, un sicótico maniaco-depresivo, no parecía demasiado interesante. Era un hombre amable, de aspecto muy culto. Luego supo que era profesor universitario.

En una de sus charlar le desarrolló una complicada teoría acerca de que Shakespeare y Bacon eran la misma persona. En otra, en una jerga matemática que le resultó incomprensible a Reitlinger, relacionó los conjuntos infinitos con Dios y con aspectos de la Creación.

Es decir, las típicas teorías conspirativas y místicas de buena parte de esos enfermos.

Nada llamativo, pues.

 

No obstante, como buen profesional que pretendía ser en el futuro, Reitlinger buscó en la ficha del paciente. Dos hechos parecer ser que propiciaron el desequilibrio mental del profesor. Uno, la muerte de un hijo. Otro, una demostración matemática que no terminaba de encontrar. Años detrás de esa demostración y total incapacidad para resolverla.

 

Una tarde, el paciente parecía estar de un humor irónico.

-¡Valiente revuelo el de ese Russell con su paradoja! Si yo le dijera que me encontré con otra peor años antes y a nadie pareció importarle. Porque, veamos, si con tres objetos podemos hacer ocho agrupamientos distintos en total y, para cualquier conjunto sucede lo mismo, es decir, que el cardinal de los posibles agrupamientos es mayor que el de los objetos…resulta que el conjunto de todos los conjuntos tienen menos cardinal que el conjunto de sus agrupamientos, lo que no es posible pues estos agrupamientos ya son objetos pertenecientes al conjunto de todos los conjuntos. ¿Ha entendido algo, joven?

 

Del hombre que así hablaba el prestigioso matemático Kronecker le había llamado, entre otras lindezas, charlatán y corruptor de la juventud. Poincaré llamó a su teoría de conjuntos una grave enfermedad. Wittgenstein la definió como un pernicioso idioma.

 

Tuvieron que pasar los años para que la Teoría de Conjuntos de Cantor fuese reconocida.

El mejor matemático del siglo XX, David Hilbert dijo que la Teoría de conjuntos era el mejor producto de un genio matemático y uno de los supremos logros de la actividad intelectual netamente humana.

O como en otra ocasión dijo, en una frase maravillosa: Nadie nos expulsará del paraíso que Cantor creó.

Cantor murió enfermo, mal alimentado por causa de la guerra. Un ataque cardiaco terminó con él en 1918. Su mujer hizo caso omiso a las cartas en que le pedía que lo sacase del manicomio.

La Hipótesis del Continuo, el teorema que posiblemente llevó a la locura a Cantor, tardó décadas en desvelar su terrible secreto.

(Continuará)

Próxima entrega: El hombre digno.

 

2 comentarios

Jorge(Ender99) -

Me gusta este folletín, promete ser interesante. Además, no me extraña que Cantor se volviera loco. Casi me pasa lo mismo, y sólo di un vistazo xD

Milady -

Definitivamente, cada vez más interesante :)