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¿Espejo del alma?

¿Espejo del alma?

Para los que lo desconozcan (¡benditos ellos alejados del mundanal ruido de la política partidista!) Convegencia y Unión son una coalición de partidos. Ambos con distintas sensibilidades, como se dice ahora, respecto al tema autonómico.

Convergencia o Unión (no recuerdo cuál) es más radical en la petición de autogobierno mientras que el otro tiende más a contemporizar con el partido gobernante de turno. El líder de uno de esos partidos (no recuerdo cuál) es Artur Mas y el otro Durán Lleida.

 

Estaba yo en un mar de dudas, intentando averiguar cuál de estos dos personajes era el más independentista cuando decidí probar si aquello que dice que la cara es el espejo del alma funciona.

Fijémonos en Durán. Aparenta simpatía y, aunque nos pueda vender un coche defectuoso, creo que seríamos capaces de comprarlo.

Fijémonos en la cabezota cuadrada de Mas, en esa mandíbula inasequible a la duda. No creo que nos pudiera vender un coche defectuoso, pero nunca entraríamos en su tienda.

 

Decidí que el independentista era Mas….y acerté.

 

Me planteé si verdaderamente la cara es el espejo del alma.

 

En mi profesión, en estos días de arranque de curso, se nos obliga a tener una rápida impresión de cien proyectos de persona en pocos días. No sólo es la cara: también los gestos y el comportamiento influyen, obviamente. Pero la radiografía se hace en segundos. Y normalmente se acierta.

 

Pero a veces no.

 

Nadie puede poner en duda de que la cara de Zaplana representa todo lo que es. Desde luego, yo no le llevaría a arreglar mi coche, si lo tuviese. Podría aparecer sin la rueda de repuesto y sin el aceite si es que no me desaparece el coche. Y por supuesto, la factura sería míticamente inflada.

 

En cambio, convengámoslo, Acebes, el embustero mayor del reino (perdón, Reino, que ahora las cosas están un poco tensas y hay que demostrar Lealtad y Amor a la Corona),..

..decía, que Acebes, mentiroso contumaz y más peligroso que el trapisondista Zaplana tiene cara de no haber roto nunca un plato. Diría que hasta perece un hombre atractivo.

 

Y aunque Mussolini aparente lo que es, yo no diría lo mismo de Hitler, viéndolo saludar niños y ser un caballero (como lo era) con las damas. Al menos las arias.

 

Me miro al espejo. ¿Mi cara qué refleja?

Resulta inquietante que me digan más mis fotos de pequeño que mi cara de ahora.

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No sabía cómo terminar el artículo. Pero la vida me ha ayudado.

 

Volvía en el tren de cercanías. Dispuesta para bajar se encontraba una madre con una silleta con niña; tras ella una universitaria que, en una descripción modesta, podríamos calificar como de cuerpo escultural.  Yo cerraba la pequeña fila.

Se detiene el tren. La madre empieza a maniobrar para intentar bajar ella sola la silleta de la niña, tarea dificultosa como sabrá quien lo haya intentado. La universitaria con un movimiento de cadera felino y andares ondulantes logra salir por la puerta adelantándose a la madre.

Cuando hube terminado de ayudar a bajar la silleta, todavía vi a la muchacha pasear todo su espléndido poderío por la estación.

Y pensé que la cara será espejo del alma, pero seguro que el cuerpo no.

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