Las comparaciones son odiosas.

Estamos tan acostumbrados a comparar objetos entre sí que no advertimos la base matemática que conlleva y sus posibles paradojas.Supongamos que somos un director de instituto que tenemos que elegir entre varios alumnos para darles una beca. En principio, primará solamente la brillantez académica.Para complicarnos menos, sólo tendremos en cuenta tres notas: Matemáticas, Lengua e Inglés.
Caso 1.
Supongamos que Ana tiene un 9 en Matemáticas, un 6 en Lengua y un 7 en Inglés. Simplificamos poniendo A(9, 6, 7).Si las notas de Blas son B(8, 5, 5), es claro que Ana es merecedora de la beca puesto que supera a Blas en todas las asignaturas.
Caso 2.
Sean las notas de Carmen C(7, 8, 9) y las de Daniel D(5, 6, 10). Ahora la tarea de elegir al mejor alumno es un poco más complicada puesto que Carmen no supera en todas las asignaturas a Daniel. Podemos optar por hacer la nota media de cada uno de ellos. La de Carmen es un 8 y la de Daniel es 7 así que con buen criterio optamos por darle la beca a Carmen.Caso 3.
Sean ahora las notas de Elena E(6, 6, 9) y las de Felipe (7, 7, 7). Ahora las dos medias son la misma: 7. Podemos considerar que, puesto que Felipe supera a Elena en dos asignaturas que Felipe merece la beca.Caso 4.
Es una variante del caso anterior y el más interesante. Supongamos que tenemos tres alumnos y solamente una beca.Los alumnos son E(6, 6, 9), F(7, 7,7) y Gema G(8, 5, 8). Los tres tienen la misma media. Ya hemos visto que Felipe mejora a Elena. Gema está feliz con su beca, puesto que ella supera a Felipe que a su vez supera a Elena. Pero…¡Elena reclama! En efecto, observemos que Elena mejora a Gema.
El problema es que estamos acostumbrados a creer que las comparaciones son transitivas, es decir que si x mejora a y, y mejora a z entonces x mejora a z.
La relación de orden que hemos creado (manera pedante de decir “la manera que comparamos”) es una relación no transitiva. ¿Cuál de los tres alumnos deberíamos elegir para la beca? ¿Hay alguna manera razonable de elegirlos? Por razonable me refiero que sea sin ambigüedad y que dados otros tres alumnos H, I, J no haya duda de cómo hacer la elección del mejor.Yo creo que no hay una de tales elecciones razonables pero me gustaría oír vuestras opiniones.Y ahora una pequeña reflexión:
Nos empeñamos en ser coherentes en nuestra vida cuando a veces las condiciones no nos lo permiten. Podemos estar en casos como la paradoja del caso 4, podemos estar tratando de comparar dos objetos que no son comparables… Todos conocemos la pregunta capciosa de “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”.O la de la película “La decisión se Sophie”: elige a qué hijo te mato porque en caso contrario te mato a los dos.Nos creemos seres racionales cuando a veces hasta la racionalidad tiene sus límites. Y ni siquiera obrando con el corazón podemos acertar siempre. Porque hay problemas que no tienen solución.
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Autor: py
Las odiosas comparaciones! qué odiosas! ¿Por qué existen? ¿por qué tienen que existir?
Yo soy extremista, y creo que siempre seré extremista, no puedo evitarlo: No quiero comparaciones entre personas! Quiero un mundo donde no sean necesarias, aunque le llamen despectivamente "utopía".
En el ejemplo de las becas: No debería hacer falta becas. Debería entrar a estudiar a quien le gusta, y a quien no le gusta, no. Así de sencillo. Quien estudia más no debería poder tener una posibilidad de vivir mucho mejor que otro que no estudia (por medio del dinero). No deberían haber calificaciones, cada uno debería calificarse para verificar si sirve o no para un trabajo dado, y si al hacerlo dará un buen servicio a otros o a su comunidad.
Todos deberían tener lo suficiente para vivir, tanto el que trabaja en un buen trabajo, como el que no; tanto el que se merece obtener becas como el que no. No debería ser necesario que Elena reclame porque no le dan una beca. Total, si es buena en lo que hace, los que no le dieron la beca son los que pierden la posibilidad de tenerla entre ellos. Elena no debería perder nada ni ganar nada al obtener o no una beca, y si no la obtiene, ya habrá otros que necesiten de las cosas que Elena hace bien. Idéntico razonamiento con un trabajo.
Los requerimientos de trabajo, al igual que los requerimientos de alumnos, debería ser al revés que ahora: El que trabaja debería decidir si el que necesita que le ayuden (el empleador) es merecedor de recibir esa ayuda. Y el alumno debería verificar si el profesor es merecedor de enseñarle. (Y lo contrario también, por qué no)
Es que el fondo del asunto es que en el mundo que vivimos ahora, se cree que la gente sobra, que está de más. Creo que ahí está la falla.
Fecha: 17/06/2007 20:11.
Autor: py
Fecha: 17/06/2007 20:13.
Autor: Milady
No he visto la decisión de Sophie. En cualquiera de los casos, si alguna vez te ves en esa situación y ya has decidido, preguntar al hijo que va a morir (o que ya ha muerto, si pudieras) cual es su opinión sería muy cruel. Sobre todo si sabes que te dirá que comprende...
Mi opinión es que sí somos seres racionales. Precisamente por eso hay problemas que no tienen solución. Los seres irracionales no tienen problemas irresolubles, el instinto les quita remordimientos. Los seres racionales nos enfrentamos a decisiones que afectan a otros y que se nos quedarán grabadas para siempre.
Fecha: 17/06/2007 21:32.





